Cuando piensas que las cosas no pueden ir peor la realidad te devuelve a las barras de bar llenas de tragos de olvido a corto plazo. Y piensas que las penas se van con absurdos disfraces de alegría exaltada por el dulce sabor del alcohol de garrafón.
Pero ni la dulzura ni los disfraces son eternos.
Por las noches bailas con todo lo prohibido y crees que todos esos placeres artificiales permanecen y por la mañana te das cuenta de que estás igual de vacío que la botella de vodka a la que te despiertas abrazado.
Y prefieres contarle el por que de tu amarga mirada a cualquier camarero que te invite a un chupito antes que a los que te escuchan sin esperar nada a cambio.
El miedo a que te juzguen, el orgullo, el miedo a la debilidad.
Y acabarás siendo tan frío como el hielo de tus copas, tan frágil como las botellas en las que has dejado promesas y secretos.
Pero no te preocupes, no pasa nada, siempre hay alguien dispuesto a rescatarte de los peores vicios.
Dispuesto a devolverte la dulzura, a hacerte creer que es posible sonreír sin estar borracho.
Siempre hay alguien capaz de decirte "la estás cagando" y combatir contra tus desganas y tus enfados.
Siempre hay alguien dispuesto a estar a tu lado.